EL ÚLTIMO SER HUMANO

Mire hacia atrás, vi como las huellas de mi traje habían dejado marcas en la arena del desierto. El viento ya estaba borrando las trazas. Solamente me acompañaba la lluvia radio-activa. Más arriba me esperaba el punto más alto de Ojos del Salado. Subía penosamente, tirando el trineo mientras caía el ocaso, envolviéndome en la oscuridad. Una oscuridad que solamente era dispersada por la luz de mi traje. Seguí andando. Veinte minutos aun para la salida de la luna.

Finalmente, la cumbre. Miré hacia atrás del paisaje alumbrado por la luna. Nada se movía. Nada vivía aquí. Mis ojos se levantaron hacia la luna que se asomaba en el horizonte. La Luna se veía a través de una neblina naranja.

Han sido veinticinco años desde que lo hicimos. Lo echamos a perder completamente. Dejamos que esos hijos de puta madre la reventarán. Nadie sabe quien lo comenzó, pero todos los dedos apuntan a los así llamado súper poderes. Los tres días de guerra aniquilaron lo que la gente llamaba el Occidente. Europa yace bajo una capa de hielo. Ahora se puede caminar sobre el Mediterráneo. El desierto de Sáhara yace bajo el mar. Inglaterra desapareció, fue completamente borrada de la faz de la tierra. Alguien hizo estallar una bomba sobre la cuenca amazónica. Todos los árboles desaparecieron. El hielo conquista todo. Los vientos arrasan la tierra. La lluvia radio-activa trae la muerte a todo lo que toca.

Aquí en el Observatorio lo vimos todo. Todos mis colegas se fueron, intentando contactar a sus familias. No lo lograron. Yo acogí a algunos sobrevivientes del sur: Mapuches, quienes huyeron del hielo del sur.

Soy el único que queda ahora. Doscientos cincuenta Mapuches fallecieron a los pocos meses por envenenamiento de la radiación. Sólo yo estoy ahora, viviendo debajo del desierto de Atacama. El clima empeoró. Las transmisiones de radio alguna vez múltiples, se silenciaron una a una.

En una noche como esta, observo esa luna naranja y me pregunto ¿Habrá sobrevivido alguien allí arriba? Estábamos conquistando el espacio. Alguna vez lo llamaron la Frontera Final. Establecimos Luna City, pero sin abastecimientos de la Tierra, no hay forma que hayan sobrevivido. Hasta habíamos enviado un pequeño equipo a Marte.

El autor Robert Heinlein alguna vez escribió; “Puede necesitarse guerras interminables e insoportable sobre población para nutrir con fuerza una tecnología hasta el punto en que esta pueda con el espacio. En el universo, los viajes ínter-estelares pueden ser los dolores normales de parto de una raza quizás moribunda. Una prueba. Algunas razas pasan, otras fallan”. Supongo que hemos fallado. Las lágrimas quemaron mi cara mientras cavaba en la tierra y ponía los postes para la placa. La puse en los postes.

“Dejo esta placa aquí para cualquier raza extra-terrestre que algún día pueda encontrarla. Esta placa conmemora a la raza humana, alguna vez dueños de la Tierra, exterminada por nuestra propia locura. Recuerden nos y sepan que llegamos a las grandes expansiones del universo y soñamos con alguna vez reunirnos con ustedes. ¡Soñamos y fallamos! Yo, Doctor Eduardo Rocha, el último de las Personas”.